EL “MISTERIO DE CRISTO”, EN EL CUAL SE ESCLARECE EL MISTERIO DEL HOMBRE (GS 22)

Francisco Berrizbeitia Hernándezbom-pastor

El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado

Con estas palabras comprendemos la dimensión divina que nos responde en tres diversos aspectos de una misma realidad: teológica, histórica y antropológica.

El signo de credibilidad que es Cristo interpela al propio hombre y al mismo tiempo su vida es portadora de sentido: en El, el hombre descubre a Dios y se descubre a sí mismo. [1]

 

1.- La primera cosa que debemos puntualizar es que Cristo no es un personaje mítico ni la personificación de ideales éticos o religiosos, sino un hombre real y concreto. Como recuerda el Concilio Vaticano II, Cristo se ha encarnado y ha nacido de la Virgen María. Se ha hecho semejante a nosotros menos en el pecado. Jesús es Dios verdadero y hombre verdadero. El ha asumido en plenitud la condición del hombre y su destino, poniendo de manifiesto que la existencia humana no es resultado del azar sino responde a un destino personal en Dios. En Cristo la humanidad es llevada a la plenitud de su comunión con el Padre y en El se hace al mismo tiempo presente el amor de Dios al hombre. Es el «Universale Concretum et Personale» que se manifiesta al hombre y que le da entender las claves de su vida: la aceptación amorosa de la soberanía de Dios y la invitación que Dios le hace por amor para que le acoja. El anuncio de la conversión y del seguimiento de Cristo como norma esencial de vida, y la entrega amorosa a Dios y a los demás hombres.

    

2.- La enseñanza de Jesús como elemento esencial que constituye su persona y su obra. La relación de esa enseñanza y la vida en perfecta coherencia entre lo que Cristo hacía y enseñaba. De allí se deriva por una parte la extraordinaria autoridad de su enseñanza así como la respuesta a las aspiraciones más profundas del alma humana mostrando el verdadero orden de las realidades y del sentido de la vida humana.

    

3.- Cristo se presenta como la realización acabada de todas las cualidades que son propias al desarrollo moral pleno del hombre. Como el Nuevo Adán,  su vida se extiende de un modo armónico a lo largo del tiempo- a través de su perfección moral resplandece su llamado a “ser perfectos como lo es mi Padre que está en los Cielos” Aprended de mi… Su corazón misericordioso y el anuncio del perdón adquieren un significado singular para el hombre que experimenta los vaivenes de la vida y las consecuencias de una libertad herida por el pecado y que de esta manera se encuentra restituido.

4.- Sometiéndose al dolor, la humillación, la tortura y la muerte, con su resurrección Cristo ha dado la verdadera dimensión y sentido a las realidades humanas Es la verdadera sabiduría que buscaban los paganos y el signo rechazado por los judíos que buscaban al Mesías. Por si fuera poco Cristo no solo ha querido manifestarnos su amor al asumir nuestra condición temporal sino que ha querido presentarse como centro, sentido meta y fin de la Historia. Su culmen, alfa y omega donde el hombre encuentra el sentido y la realidad de su existencia. Dios ha salido al encuentro del mismo hombre para ofrecerle su  salvación., A partir de esas razones el hombre puede acoger la invitación de Dios que le pide la aceptación confiada y fiel de la fe. Concluyamos pues con estas bellas y expresivas palabras de la GS 22 Porque Adán, el primer hombre, era figura del que había de venir, es decir, Cristo nuestro Señor, Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación. Nada extraño, pues, que todas las verdades hasta aquí expuestas encuentren en Cristo su fuente y su corona.

BERRIZBEITIA HERNÁNDEZ, Francisco. La Credibilità  della  Rivelazione  Cristiana. Pontificia Università Gregoriana: Facoltà di Teologia – Dipartimento di Teologia Fondamentale.


[1] IZQUIERDO, C. «Teologia Fundamental», EUNSA, Pamplona  2002, pp. 422-424